Mentir para sobrevivir blog

Por José A. Ciccone

Iniciamos un año 2021 entrándole al trabajo con más ganas que nunca, siempre que la pandemia lo permita y se deje dominar por las tan ansiadas vacunas, la salud general ayude y tratemos, entre todos, de pintar mejor la economía, sorteando las dificultades que nos plantea, como siempre y hoy más que nunca, en estas fechas donde comienza el año.

Trabajar para crear, para el sostén familiar, para la educación y el crecimiento personal, para proteger a los hijos y darles un futuro más promisorio, para competir, sentirnos útiles y forjarnos un mejor mañana sobre un presente inestable que siempre nos mira desafiante con su andanada de sorpresas a cuestas. Sabemos que podemos, por eso seguiremos luchando, con esperanzas, objetividad y alegría, esa que parece hemos perdido porque las circunstancias sanitarias odiosamente nos ordenaron otra cosa, todo caminará a nuestro paso y voluntad, pero sin trabajo poco se puede hacer para avanzar.

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, utilizó el término “modernidad líquida” para referirse a un tiempo dominado por la incertidumbre, sea ésta del origen que fuere, por los cambios continuos y por no mantener la forma; donde al igual que los líquidos las estructuras fluyen, se desplazan y cambian de rumbo. Como consecuencia, las condiciones de actuación se transforman antes que las formas de actuar se consoliden en hábitos y rutinas determinadas.

El líquido entonces, se presenta como la metáfora ideal de este tiempo, en que los cambios son una constante y se nos hace difícil recuperar el estado anterior u original de las cosas. Quizás el concepto esgrimido por el sociólogo resulte exagerado, pero lo cierto es que las empresas tienden a ser cada vez más líquidas, están evolucionando a formas de trabajo más allá del concepto del trabajador donde radica toda su vida laboral, en el mismo departamento de la misma empresa y en el mismo edificio de la misma ciudad.

La transformación cultural en la gestión de los equipos, los nuevos contratos de la organización regidos por reglas laborales actuales, la selección, evaluación, formación y la posible retención de talentos, está cambiando rápidamente. Aquellos que hoy se refieren al trabajo como el dador de una estructura temporal y la realización de las tareas habituales, transitan por caminos equivocados, porque actualmente sucede otra cosa.

Vía la tecnología, ya no hay más control del tiempo y la polifuncionalidad hizo estallar las tareas habituales; regulares, todos debemos aprender y en lo posible saber de todo.

Lo importante de conservar los empleos en este momento de crisis sanitaria, en un Estado fronterizo como el nuestro donde nunca faltó, enaltece los espíritus, reaviva la ilusión de futuros prósperos, porque la pérdida sistemática de puestos laborales afecta ostensiblemente al trabajo como productor de identidad. En la época de pleno empleo, la gente quedó tan pegada al hacer que eran lo que hacían, ergo, si no hacían, no eran.

El trabajo ha sido la actividad a la que estuvo abocado el conjunto de la humanidad a través de los siglos, mientras construía su historia y su orden, con la promesa de un estado de perfección en el horizonte de los esfuerzos de conjunto.

Desde que el trabajar es la manera que un ciudadano tiene de inscribirse en la sociedad, desempeñando algún tipo de rol, no importa cual, el ser humano siempre ha tratado de explicar qué significa el trabajo, según la época que le tocó vivir, manteniendo una relación de amor y odio con él, plena de sentimientos encontrados y donde cada vez más, el placer, ocupa un lugar preponderante en aquellos, que como yo, tienen la suerte de poder vivir haciendo lo que más le gusta, en este caso mi relación de satisfacción con el trabajo.

El atávico principio bíblico donde afirma que “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, donde se ubica culturalmente al trabajar en el lugar del dolor y el displacer, está siendo superado felizmente, en muchos sectores de la sociedad que tienen la posibilidad de elegir trabajar para lo que estudió una carrera o finalmente donde más le plazca.

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