Por José A. Ciccone

Ya se desataron las famosas compras de fin de año, con todo y pandemia renovada que sigue sin dar tregua y nuevamente azota a Europa y nos amenaza con saña.

El consumidor no se amilana y continúa su ruta ya trazada, para seguir adquiriendo cosas, al final no importa qué, la cuestión es hacer sonar las cajas registradoras -hoy también virtuales-, que contabilizan los gastos, atiborran de vehículos la ciudad, hacen batir récords al e-commerce y aceleran los pulsos de ávidos consumidores que siempre quieren más en estas fechas.

La apertura de la línea internacional contribuyó a este fin, que no es el buen fin pero se parece, ahora puede cruzar todo aquel que traiga visa y pasaporte actualizado, registro de vacunas y dólares con caritas sonrientes dispuestos a volar por el mejor postor.

El espíritu navideño dice presente, no con mensajes de amor y paz solamente, sino acompañado con aquellos contenidos descaradamente comerciales que sólo tienen la firme intención que usted compre todo lo que se le atraviese, en el camino sublime hacia el niñito Jesús.

¿Cómo le explicamos a los niños, de los dos géneros, que no hay que gastar indebidamente y que la vida continúa en enero -que es precisamente cuando queremos redimirnos de las compras excesivas-, si los adultos damos los peores ejemplos de consumismo? Si las tarjetas de crédito de mamá, papá y hasta de los abuelos, quedaron ahogadas de deudas, lanzando estrellitas -no las de Belén-, de varios colores y formas preocupantes.

Después del prolongado encierro, la gente –con la precaución debida-, parece explotar de júbilo y se lanza con todo en busca de mejores ofertas, tanto de este lado de la línea internacional como del otro.

Mientras tanto, como una paradójica ironía, en los puertos marítimos de Los Ángeles, miles de contenedores con mercancías no alcanzarán a llegar a las tiendas y mucho menos a los consumidores, porque están varados principalmente por falta de mano de obra, transporte apropiado, distribución y otros menesteres burocráticos que atoran la gestión para que los productos salgan a la venta.

Solo la firma de ropa Gap perdió durante el fin de semana de “viernes negro” 300 millones de dólares por esa razón, al tiempo que millones de personas están dispuestas a gastar, mientras que en el mercado laboral, otras ya no quieren o no creen necesitar trabajar como estibadores o camioneros -total, papá gobierno rico americano sigue mandando cheque puntual-, así las cosas, en un intríngulis difícil de resolver.

No hay duda que será un fin de año distinto, con otro accionar en los mercados, planteando grandes expectativas y con ventas online que superarán cualquier cálculo optimista que se haga. El consumidor de hoy, parecería que ya no quiere verle la cara a un vendedor en vivo y prefiere comprar vía digital posicionando a las compras on-line con más fuerza que nunca, apuntando un futuro promisorio para esta forma de adquirir productos y contratar servicios.

Las ventas vía Amazon, -la compañía de Jeff Bezos considerada la marca de ventas al por menor más valiosa del mundo-, subieron rápidamente y se consolidan muy fuerte en gran parte de nuestro Planeta, es más, ya hay productos que empiezan a escasear en las tiendas y usted los encuentra en esta gigantesca plataforma de ventas.

Con todos estos auxiliares que nos venden hasta lo imposible de conseguir, en términos materiales, claro está, uno se hace varias preguntas: ¿cómo haremos para evitar el excesivo y nocivo hábito de las compras en estas fechas donde se reciben miles de mensajes incitando a gastar más y sin medida? ¿Cuál será la clave para mantenernos al margen de esta vorágine de compradores embriagados por el impulso de salir a comprar de todo aunque haga falta muy poco para poder cumplir con atenciones en estas fechas navideñas? ¿Dónde quedan los límites propuestos y el control de gastos familiares?

Preguntas que, muchas de ellas, quedarán sin respuesta y hasta podrían ubicarme como un aguafiestas y no va por ahí, me encantan estas fechas donde se reúnen las familias para celebrar, me gusta regalar y recibir buscando motivos festivos para estar juntos con familia y amigos queridos. Al mismo tiempo, me preocupa mucho que no se establezcan medidas domésticas donde les expliquemos a los menores de la familia, que lo material es sólo una parte de nuestras vidas, que debemos esforzarnos para disfrutar de una mejor posición, que no debemos gastar en exceso y que el acumulamiento desmedido de bienes propicia, entre otras cosas, egoísmo, cuando no ejercemos un control sobre ellos. Que es bueno progresar, innovar, diversificarnos, sin dejar de ser mejores personas, más solidarias con quienes no tienen nada, consecuentes y pacientes con los adultos mayores o con aquellos que sufren alguna pérdida en su capacidad física, a convivir y conducirse con respeto por los demás, que eso no es una moda sino un síntoma placentero de sentirnos más útiles a la sociedad y a la familia, haciendo la vida más fácil para todos.

 

 

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