Los modernos conceptos de la comunicación por escrito que nos exige la tecnología con mensajes rápidos y cortos, para su buen uso en nuestros teléfonos móviles o pantallas de computadoras, requieren de una aplicación funcional, económica y certera de las palabras. Graves errores expresivos son -entre otros- el empleo de términos inútiles y la supresión de los necesarios, la no diferenciación de significados por ausencia o presencia de ciertos vocablos, así como la aplicación discrecional del criterio de abreviatura, donde por cierto se cometen aberraciones sin el menor respeto por las normas que salvaguardan su necesaria condición de comunicabilidad.

Es muy común observar en Facebook, Messenger, Twitter o WhatsApp textos mal redactados “por la prisa” que según ponen como excusa insalvable aquellos que envían “conección” por conexión, como escribió un político hace unos días, o una maestra que puso“exámen”, cuando se le olvidó que esta palabra sólo lleva tilde en plural por ser esdrújula. Precisamente lo accesible de las Redes Sociales, donde las pueden leer niños y adultos por igual, nos exige una mejor redacción, porque además del auxilio -con corrector incorporado-, debemos procurar conocer un poco más sobre nuestro variado y rico idioma.

El vocablo comunicación es profundo, significativo y está muy de moda, por lo menos en los últimos treinta años. Sin embargo, no está todavía ‘resuelto’. Es una palabra que encierra un concepto muy claro para el común denominador de la gente y una idea a la que casi todos le prestamos la debida atención y le damos mucha importancia -por lo menos de palabra.

Yo me comunico. Tú te comunicas. Todos nos comunicamos.

Con toda seguridad, los seres humanos podemos comunicarnos en todos los niveles y por muy distintos motivos con gran número de personas y en múltiples formas. Pero el lenguaje es sólo uno de los códigos que tenemos para manifestar nuestras ideas. Las expresiones faciales, los movimientos de manos brazos y piernas, son otro tipo de señales que utilizamos para establecer la tan ansiada conexión con los demás.

El vocablo comunicación se ha popularizado en las últimas décadas, hasta llegar a vulgarizarse en una sociedad que bajo esta palabra, ha cobijado una buena cantidad de cuestiones y problemas de diversa índole que ya existían cuando las universidades, las empresas y la tecnología no habían reparado que la comunicación nació con el hombre mismo.

Fuera del terreno académico, la revolución tecnológica con referencia a la comunicación, ha desarrollado una mayor necesidad de gente competente en este ámbito. Y de esta forma es como han surgido los llamados “comunicadores profesionales” que desde diversos medios masivos y selectivos, como periodistas, redactores, diseñadores, programadores de páginas “Web” o productores de medios audiovisuales, son directamente responsables del impacto y la eficacia de los diferentes tipos de comunicación que impactan al público, finalmente receptor de estos mensajes.

Este rol lleva implícito un nivel de formación profesional y una buena dosis de prudencia que debiera manifestarse a diario a través de un correcto uso del medio. De ahí que desde esta página que guarda una pretendida intención de comunicarnos mejor, intentemos recordarles permanentemente a nuestros comunicadores, la trascendencia de la función que ejercen y darles sencillos aportes a la tarea diaria, con algunos conocimientos prácticos sobre nuestro querido idioma, que nos eviten, o cuando menos reduzcan los tan odiosos errores (de sintaxis, acentuación, etc.), que se cometen al redactar una nota.

Para entrar en tema, cito una nota aparecida en un conocido periódico deportivo donde decía: “evoluciona la lesión del deportista fulano”. Seguramente usted coincidirá conmigo en que pareciera que la herida o el golpe del señor aludido, se modifica o progresa en forma notoria y autónoma con relación al propio cuerpo. Lo correcto, es decir: “evoluciona el deportista fulano de su lesión”.

Tampoco es extraño encontrar en las crónicas de los espectáculos, la siguiente expresión: “El cantante inició el show, pasadas las diez de la noche, con un lleno total”. Ahora bien, nos preguntamos si existe el “lleno parcial”. El diccionario nos responde: “Lleno/na: adjetivo. Enteramente ocupado. Concurrencia que ocupa todas las localidades del lugar en que se verifica un espectáculo u otro acto público”. ¿Concluyente, no?

Alguna frase podría completar este universo de incorrecciones. Por ejemplo es erróneo decir: “vuelvo a reiterar” en lugar de ‘reitero’ o ‘vuelvo a informar’ que sería lo correcto, luego sucede que son demasiadas ‘las reiteraciones’, ¿no cree? Ni la ‘redacción culinaria’ se salva de los dislates, en un periódico local se insiste en recomendar para la preparación de algunos platillos “un poco de aceite de olivo”. Olivo: árbol de la familia de las oleáceas. La forma correcta es oliva. Oliva: fruto del olivo, aceituna. Los ejemplos son muy variados y siguen. En el boletín de una escuela (privada) primaria, se abogaba por la “integración” de los padres en el proceso educativo. Integración: formación de un todo. Lo correcto es: abogar por la participación de los padres en el proceso educativo. Participación: acción y efecto de tener parte en algo.

Otra de deportes: Es la quinta “edición” del torneo. Edición: impresión de una obra para su publicación. Aquí lo apropiado es: Es la quinta realización del torneo. Realización: acción y efecto de realizar (hacer real y efectiva una cosa).

Otros muy frecuentes son: Los obreros “decretaron” una huelga de adhesión. Decretar: resolver por decreto. La forma adecuada es: Los obreros determinaron hacer una huelga de adhesión. Determinar: tomar una resolución. Este ejemplo se lo oí decir a un profesor: “Entre” menos sepan, más difícil les resultará la prueba. Entre: preposición que significa “en medio de”. Esta falta habitual, el mal uso del ‘entre’, se aplica también a otras frases. Lo correcto en este caso es: Cuanto menos sepan, más difícil les resultará la prueba. Cuánto: adverbio de cantidad. Y para cerrar… y no cansar, otro error-ejemplo que es muy común: “Hasta” que los vi supe la verdad. Hasta: preposición que expresa el término o fin de la acción. Lo bien escrito y dicho, es: Cuando los vi supe la verdad. Cuando: adverbio de tiempo.

Esta lista puede ser tan extensa que los aburriría en una sola entrega y además mi página también tiene un límite. Por eso, sólo me queda espacio para una reflexión al respecto: El estilo de comunicación que empleamos, es muestra de nuestra propia personalidad.

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